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Un cuento marroquí

Mohamed Zafzaf (1945-2001) es considerado uno de los más prestigiosos novelistas y poetas marroquíes del siglo 20. Ciudadano histórico de Casablanca, su trabajo incluye novelas, poemas, obras de teatro y cuentos. Además fue un importante traductor de literatura francesa y española al árabe. En Una noche en Casablanca (1999), el cuento que tradujimos especialmente y por primera vez al español para compartir con ustedes, un hombre y una prostituta pasean por la ciudad en auto, conociéndose y desconociéndose el uno al otro.

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Una noche en Casablanca


Apenas se podía ver el mar bajo la oscuridad de la noche y la densa lluvia. Los autos se bamboleaban por el camino descontroladamente porque sus conductores estaban demasiado ebrios. Los accidentes eran frecuentes y la policía siempre llegaba tarde y hacía la misma pregunta a la muchedumbre inquisitiva que se reunía alrededor de la escena: "¿Estaba el conductor borracho?". La ambulancia normalmente llegaba todavía más tarde, y entonces, finalmente, la gente se dispersaba. En ocasiones alguno de los transeúntes entrometidos recibía una patada o un puñetazo, o era empujado dentro del Jeep por la policía, pero después de pagar una multa se lo echaba afuera, en medio del camino.
 
Era posible escuchar el fuerte bramido del mar, pero el sonido del trueno era aun más fuerte. La lluvia sumaba ruido a medida que caía sobre la superficie de los autos estacionados junto a los pubs y los hoteles.
 
Música estridente salía del boliche Oklahoma. Cerca de ahí había un pub donde distintos grupos de gente entraban y salían constantemente. Ruidosos, salían a los tropezones del pub todas las noches y a menudo terminaban en peleas con otros grupos; tanto con los puños como con afiladas navajas. Frecuentemente, alguna víctima femenina terminaba desangrándose en la vereda y las personas que nada habían tenido que ver con el incidente se reunían a su alrededor. Cuando llegaba la policía, aquellos que se habían quedado no podían siquiera apenas dar testimonio de lo que había pasado. Entonces la policía decía, en general, "ese es el destino de las prostitutas. Se desangran en la vereda de la misma manera en la que desangran de dinero a los hombres".
 
Ahora el mar retumbaba en la espesa oscuridad, y la lluvia caía de manera menos intensa. Suaad salió rápidamente por la estrecha puerta del Oklahoma, seguida por el filoso sonido del cerrojo. Trató de ajustarse el cinturón del tapado y dio unos pasos hacia la pequeña y redonda plaza rodeada de grandes vasijas de barro. Luego salió Said hablando con el impecablemente vestido portero, que parecía conocerlo bien.
 
"Estás ebrio esta noche; ¿serás capaz de conducir?", preguntó el portero.
 
"¡No bebí lo suficiente! La prostituta esa acabó con la botella entera, y por supuesto, pagará por ello".
 
"¿Vas a volver a hacerlo esta noche? Sé razonable, Said".
 
"¡Lo haré todas las noches! Soy el Rey Schahriar".
 
Se rió y apretujó un billete de diez dírhams en la mano del reticente portero.
 
"Somos amigos, ¿por qué malgastar tu dinero?", preguntó el portero.
 
Said se mostró impaciente mientras miraba a Suaad, quien parecía estar algo cansada, parada en la pequeña plaza redonda. Puso su brazo alrededor del hombro de ella y la empujó hacia él.
 
"El auto está hacia allá".
 
"¿Hmm?".
 
"Está cerca".
 
"¿A dónde vamos?".
 
"Adonde tu corazón lo desee. Todavía quedan otros lugares abiertos. Esta noche es nuestra noche".
 
Después de entrar torpemente al auto, ella sacó un cigarrillo relleno de hachís de su cartera y comenzó a girarlo entre sus dedos.
 
"Said, pasemos a ver a una amiga mía. Pobre mujer, estoy segura de que no tiene nada para fumar esta noche".
 
"¿Y por qué no tiene nada? Hay muchísimos dealers vendiendo hachís en la rambla de Corniche".
 
"Pobrecita, si no consigue, va a morirse o suicidarse. Es una amiga muy cercana, pero tiene muchos problemas con su padrastro y con su novio. Tiene una hermosa bebé, pero su novio no quiere reconocerla. Él pertenece a una familia rica y poderosa, ¿sabes?".
 
"Conozco a esas familias; a las mujeres como tú también parecen gustarles".
 
"No me gustan, pero me gusta vivir", dijo con un tono vago en su voz mientras él manejaba por las calles desiertas que separan una mansión de la otra; mansiones elegantes con jardines iluminados por numerosas luces de colores. Ella levantó su cigarrillo de hachís casi con los ojos cerrados y le preguntó "¿tú fumas?".
 
Él agarró el cigarrillo, le dio una pitada y lo devolvió.
 
 
"Y ahora, ¿qué dices? ¿Dónde está mi amiga?", le dijo ella en tono bromista.
   
"No lo sé, tal vez está en algún lugar de este mundo".
 
"Y nosotros, ¿dónde estamos?".
 
"Entre ellos".
 
"¿Quiénes?".
 
"Aquellos a los que amas".
 
"Yo no amo a nadie. Solía amar a Almutii, pero lo dejé, porque no tenía dinero. Solía robarse mi dinero para comprar drogas. Si no lo encontraba, enfurecía y amenazaba con matarme. Íbamos juntos al secundario, pero nos echaron. Su padre trató de matar a su madre muchas veces, sabes. Yo no conozco a su padre, pero me contó sobre él. Sin duda, de tal palo tal astilla, y si me hubiese casado con él, habría tratado de matarme a mí también. Yo no quiero morir. Amo la vida".
 
La música estaba fuerte dentro del auto, que se movía muy lentamente. Las ventanas estaban cerradas. Llovía y hacía frío afuera, y el auto se volvió una especie de caja cerrada que sofocaba con el humo del hachís. Pero Said no quería abrir la ventanilla. Entre medio de esto, una gran motocicleta pasó volando por delante de ellos, haciendo que Said temblara un poco. Con su mano desempañó el parabrisas.
 
"Desearía tener una gran motocicleta como esa", dijo Suaad.
 
"¿Así cuando te drogaras podrías cortar todos los árboles de la ruta que tuvieras por delante?".
 
"Jaja, no exageres. Todos los que tienen motocicletas como esa fuman hachís".
 
Pasaron la zona de las mansiones, y la ciudad se veía tranquila después de que lloviera. Un par de charcos formados por la lluvia brillaban bajo las luces de la noche. De vez en cuando, algunas patrullas deambulaban lentamente con las luces apagadas, y se detenían junto a las veredas buscando vagabundos. Suaad estaba abrigada dentro de su saco, inclinando la cabeza y sintiéndose relajada. Sus ojos estaban cerrados y apenas podía abrirlos. Murmuró unas palabras y Said entendió que quería algo de comer. Él también tenía hambre. Generalmente después de una noche como esta no comía nada, e incluso llegaba a dormirse con la ropa y los zapatos puestos.
 
"¿Tienes hambre?", preguntó.
 
"Sí".
 
"Vamos a tomar sopa de Harira".
 
"La harira es amarga, y el hummus y las lentejas en ella saben a piedras".
 
"El hachís te abre el apetito, ¿verdad?".
 
"Sí; una vez me comí un enorme pote de couscous así de grande por mi cuenta", dijo, haciendo un gesto con las manos.
 
"¡No exageres!".
 
"Lo juro por mi honor".
 
"¿Tienes acaso honor, tú...", se detuvo abruptamente.
 
"Dilo; deja que salga de tu boca. Para que sepas, tengo más honor que las hijas de los dueños de aquellas mansiones. Las conozco; fumamos un montón de hachís juntas ".
 
"Está bien, no importa. ¿Entonces no quieres comer harira?".
 
"No, preferiría comer una hamburguesa de kufta con huevos y salsa. Es barata en el restaurante Tanjawi's que está cerca de Cincinnati Beverages".
 
"Pero se llena de gente ahí, y con frecuencia hacia el final de la noche erupcionan las peleas entre los borrachos por las chicas. Además las patrullas de policía van ahí y controlan documentos. ¿Llevas un documento contigo, cariño?".
 
"¿Piensas qeu vine de otro planeta o algo así? Yo también soy marroquí, y tengo un padre y una madre como el resto de las personas. ¿Acaso me desprecias porque me levantaste fácilmente? Si no me gustases, no saldría contigo. Puedo olfatear de qué estilo es un hombre, sabes. No creas que simplemente me gustaron tu traje y tu corbata. No, tienes algo más, tal vez algo que tú mismo ni siquiera sepas. Sabes, son pocas las personas que se conocen a sí mismas".

Ella cerró sus ojos por completo. No se durmió, sino que se perdió entre la música que escuchaba y el sonido de pequeños pájaros silbando. En su estado de semi-vigilia, vio una playa rodeada de palmeras, y sobre la playa personas desnudas bañándose y retozando al sol. Cuando Said se volvió hacia su compañera, vio que su cara parecía tan soñadora e inocente como la de un niño pequeño. Tomó otro cigarrillo, lo encendió para él mismo, y con algo de dificultad encontró un lugar para estacionar su auto. Suaad abrió los ojos y le pidió que le encendiera un cigarrillo a ella también. Ahora la lluvia ya casi había cesado por completo, pero cuando Said miró hacia el cielo, le pareció que todavía estaba completamente negro.
 
"Sin duda volverá a llover en un instante, al igual que mañana, y después de mañana", pensó. "La tierra necesita lluvia". Todos se quejan de la falta de agua, incluyendo a su padre, quien posee tierras en la zona de Almuzakara, donde aún no hay canales de irrigación. Los canales excavados se detenían en los terrenos de una persona rica relacionada con un importante miembro del gobierno. Said deseaba con todo su corazón que lloviera, pero no para su beneficio. Él es dueño de un apartamento y un auto, y su esposa también tiene un auto, y él además tiene una cuenta bancaria; estas cosas no están fácilmente disponibles para las personas de su edad.
 
Suaad se bajó del auto y cerró la puerta con pereza e indiferencia, mientras intentaba envolverse el cuello con su tapado.
 
"Tienes que cerrar la puerta con fuerza; no hace tanto frío, y además ha parado de llover".
 
Ella abrió la puerta y la volvío a cerrar, esta vez violentamente para asegurarse de que quedara bien cerrada. Entonces caminaron hacia el Tanjawi's. La voz de Stevie Wonder salía del interior, esparciéndose tímidamente por los rincones del lugar, que era pequeño y estaba decorado con muchos colores. Algunas muchachas estaban sentadas en los bancos frente al mostrador, pero había más hombres que mujeres. Los empleados, en sus limpios uniformes, eran rápidos y ágiles. Uno de ellos estaba girando un pedazo de carne en el aire, al ritmo de la canción de Stevie Wonder.
 
Una chica que estaba apoyada sobre sus brazos levantó la cabeza. Era hermosa pero se veía cansada por falta de sueño y por tomar de más. Tenía un aire solitario. Llamó al camarero que estaba bailando, pero otro que no bailaba se le acercó de un salto.
 
"Un vaso de agua helada por aquí", ordenó ella.
 
"Tomaste muchísima agua helada esta noche. ¿Qué problema tienes? ¿Fumaste mucho hachís?".
 
"Métete en tus asuntos, o subiré a decirle a Tanjawi".
 
"Dile. A Tanjawi no le gustan las de tu estilo".
 
"Dame un vaso de agua helada y métete en tus asuntos".
 
El camarero le trajo un vaso de agua y puso un hielo dentro; ella se lo bebió de un solo trago, y volvió a apoyarse sobre sus brazos. El muchacho dijo: "si te está dando sueño, solo vete a tu casa". Pero ella lo ignoró.
 
Said y Suaad estaban parados entre la multitud después de haber pedido dos sándwiches. Algunas personas comían rápido, de pie. Él tomó los sándwiches y juntos se fueron a comer dentro del auto, porque algunas pequeñas gotas de lluvia todavía caían aquí y allá. Suaad abrió su sandwich envuelto y comenzó a devorarlo. Mientras estaba ocupada masticando, Said preguntó:
 
"¿Acaso no comiste nada hoy? ¿Por qué comes tan vorazmente?".
 
Ella no contestó. Su boca estaba ocupada masticando la comida. Un trozo de tomate cayó sobre su abrigo y ella lo levantó rápidamente y lo puso en su boca. Una sombra pasó por detrás del auto y Said se dio vuelta para encontrarse con un policía que golpeaba a la ventanilla. Cuando le abrió, el policía saludó a ambos y le pidió los documentos a Said. Miró dentro del auto y hacia los asientos traseros, y examinó la cara de Suaad sin pedir sus papeles.
 
"¿Quién es ella?", preguntó.
 
"Una amiga".
 
"Váyase a dormir. Se hace tarde. De lo contrario, podría pasar la noche en la comisaría".
 
El policía devolvió los papeles y se fue. "Esos cerdos son como moscas en todos lados", comentó Suaad.
 
"Cállate o te mandaré con él. Era un caballero y aun así dices "cerdos". De no haber estado conmigo, habrías pasado la noche en la comisaría".
 
"¿Y por qué motivo? ¿Acaso maté a alguien?".
 
"¿Qué haces por las noches? Están patrullando la zona para interceptar actividades sospechosas. Hay muchos ladrones hoy en día, y la tasa de crímenes ha aumentado", explicó.
 
"Soy sólo una...", se encogió de hombros. "Los verdaderos ladrones duermen tranquilos en sus hogares".
 
"No hables de lo que no te concierne".
 
"Si no estuvieras conmigo ahora, diría que eres uno de ellos".
 
Él le encendió un cigarrillo y ella se rió, acariciándole el muslo izquierdo tras tirar el papel roto del sandwich fuera del auto. El bollo descansaba ahora en el asfalto después de haber rodado sobre el suelo húmedo.
 
"Siempre me gusta fumar después de comer; el cigarrillo tiene un sabor especial en ese momento. Dime, ¿a dónde estás dirigiéndote? No me digas que a un hotel, tengo miedo de la policía. ¿Tienes un apartamento?".
 
"No".
 
"Conozco un lugar vacío cerca de la zona de Hazem Alkabeer".
 
"Hazem Alkabeer está muy lejos".
 
"Pero es un lugar seguro. Es bueno disfrutar del 'aire fresco'. Todo el mundo va allí por el aire fresco".
 
"¿Tu siempre vas allí para disfrutar del aire fresco?".
 
"Sólo con gente como tú, por supuesto, cuando no hay un apartamento disponible. También tengo una amiga que posee un apartamento en la zona de Ferdan, pero su novio pasa cuatro noches por semana allí. No quiero ocasionarle problemas".
 
El auto se dirigió hacia la zona de Hazem Alkabeer. Eros se encarnó como ser humano, inflado como un pavo real detrás del volante, atravesando rápidamente las calles de la ciudad. Se detuvo en una estación de servicio para cargar gasolina. El cajero se despertó con dificultad ante la insistencia de Eros, y sin duda los bocinazos despertaron también a todo el vecindario. El empleado se frotó los ojos con la parte trasera de su mano, y después volvió a dormirse. Cuando el auto se fue apagó todas las luces de la estación para evitar que alguien volviera a molestarlo.
 
El auto pasó por todas las calles desiertas a estas altas horas de la noche. Sorprendentemente, algunos semáforos todavía estaban encendidos, y eso era inusual. Por lo general las luces se apagaban después de la medianoche. El camino se volvió más oscuro, pero un poco de luz surgía de algunos edificios; la mayoría estaban escondidos en la penumbra.
 
"Dentro de unos instantes", dijo Suaad, "doblarás hacia la derecha, para llegar al lugar donde podemos disfrutar del aire fresco. ¿Has venido aquí antes?".
 
"No".
 
"Es un lugar maravilloso y deberías conocerlo. Todos los que gustan del aire fresco vienen aquí".
 
"Supongo que el 'aire' allí debe ser especial, no como otros tipos de aire".
 
"Exacto, y lo vas a ver por tí mismo".
 
El auto atravesó lentamente por la oscura ruta donde no había nada más que espacio vacío y oscuridad nocturna. Said podía sentir su corazón latiendo y puso su mano debajo del asiento para sacar una pequeña botella de Black Label. Suaad la tomó de sus manos, la abrió y tomó un pequeño sorbo antes de devolvérsela a Said. Él tomó un trago para juntar coraje y para calmar los temores que sentía instintivamente en esta oscura y desolada ruta.
 
"Debemos detenernos ahora, ¿no hay patrullas de policía por aquí?".
 
"No te preocupes, conozco muy bien el lugar".
 
Un poco más tarde, el auto se detuvo y Suaad dijo "siento muchísimo frío aquí, dame esa botella de nuevo. De hecho, saldré por un poco de brisa". Tomó un gran trago esta vez y abrió la puerta del auto para salir.
 
Said encendió un cigarrillo y la observó caminando en la oscuridad.
 
"No hay duda de que no es una chica común y corriente, y el hachís que fumó seguramente la afectó. Es una gran fumadora", pensó.
 
Al instante, cuatro hombres aparecieron de la nada y lo rodearon. Uno de ellos llevaba un gorro de lana, y una bufanda que cubría su rostro y su cuello. Entonces se escuchó la voz de Suaad en la distancia:
 
"No le pegues, Abdul Qader; es un hombre amable y generoso. Tomen todo lo que puedan, pero déjenle sus documentos oficiales. No repitamos lo que ocurrió la otra maldita noche con aquél estúpido hombre. Y no olviden que tiene una botella de whisky si necesitan calentarse".
 



 

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