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Vigía Ribereña

Entre pajonales, garzas y lagunas sanisidrenses se emplaza Ribera Norte, la primera área protegida municipal del país. Luciana Luján Cristaldo es la risueña guardaparque que vela por el cuidado de la flora y fauna costeñas. En esta amena plática nos cuenta las peripecias de proteger uno de los rincones más verdes de la urbe.

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TEXTO:  Lucía Colombo
FOTOS: Lucas Gallo

 
¿Cómo arrancaste a ser guardaparque?
Tenía en mira la carrera gracias a un vecino que era guardaparque. Hace cuatro años tuve que decidir si estudiaba esta carrera, así que me recomendó venir a Ribera Norte para aclararme las ideas. Empecé como voluntaria, me fui encariñando con el lugar y terminé siendo guía. Por último, arranqué la carrera, que dura tres años. En Buenos Aires no hay muchos lugares para estudiarla y los que existen son todos institutos privados. Por lo general, tiene una fuerte carga horaria de voluntariado en distintos parques.

¿Qué parque preferís?

Aunque no lo creas, hay muchas áreas protegidas y cada vez son más. Por eso, resulta difícil elegir. El que más me gusta es Ribera, pero Esteros de Iberá y Misiones tienen reservas increíbles. Estar en la selva es una sensación distinta, más intensa: hay un tema de supervivencia que impacta en la experiencia.

¿Cómo son las reservas en Argentina?

Tuve la suerte de recorrer áreas municipales, provinciales y privadas y la diferencia entre ellas es enorme. Por supuesto que en los parques estatales tienen menos recursos, todo se hace más a pulmón. Agradezco que Ribera Norte defienda una clara intencionalidad de tener herramientas al día que en otras áreas carecen. En la mayoría de los casos, siempre encontré guardaparques con muchas ganas de trabajar y pocos recursos.

¿Qué diferencias hay entre las reservas municipales y las reservas nacionales?

Principalmente, a nivel nacional hay muchas áreas con potencial para ser protegidas, pero tarda demasiado en concretarse el proceso y se terminan vendiendo a un privado. En el caso de Buenos Aires existe mucha presión porque la ciudad tiene un problema habitacional importante; o sea, es muy difícil que alguien apoye un área protegida cuando mucha gente no tiene dónde vivir. Por otro lado, se da un lobby empresarial que pelea para que las áreas protegidas se conviertan en negocio.

¿Por qué es importante contar con esas áreas protegidas?

Porque hacen a la conservación de los ambientes naturales que, a su vez, crean un refugio de animales silvestres. Es importante entender que las áreas protegidas son para la gente: además de tratarse de un lugar de esparcimiento, generan beneficios ambientales como la purificación del aire o del agua. Por más que parezca una frase hecha, la reserva y la conservación son importantes para nuestra calidad de vida y para la de las generaciones futuras.

¿Qué características debe tener una buen guardaparque?
Lo principal es la motivación por el trabajo y el esfuerzo por no tirar la toalla porque a veces la falta de recursos o ciertas decisiones políticas te bajonean. También es fundamental la sensibilidad que uno tenga con la naturaleza y con la gente: no podemos olvidarnos de que trabajamos para cuidar el patrimonio del país. 

Por más que parezca una frase hecha, la reserva y la conservación son importantes para nuestra calidad de vida y para la de las generaciones futuras.


¿Cómo describirías un día en tu trabajo?
Tenemos distintas tareas, desde la restauración ambiental –control de especies exóticas y plantación de especies nativas– hasta un centro de rehabilitación de fauna. Además, como estamos metidos en el tejido urbano, la atención al público y la participación de la comunidad es algo transversal en nuestra tarea. El manejo con la gente es constante y eso nos gusta. También recibimos escuelas para recorridos o voluntariados.

¿Qué tipo de voluntariados?
Al tener costa natural, este parque se inunda con la crecida del río. Cuando el agua se retira, deja los residuos que llegan a través del fluvial y quedan depositados en el parque. Es impresionante cómo el bosque se llena de bolsas, botellas, telgopor y cualquier basura flotante. Esos residuos son un problema para la fauna porque los confunden con alimento o quedan atrapados en ellos. Fomentamos que los vecinos nos ayuden con una jornada de limpieza, además de la colaboración de los colegios.

¿Cuántos visitantes tiene el parque?
El público cambia según la época, pero, en promedio, por fin de semana vienen alrededor de 500 personas.

¿Cómo impactó la tecnología en tu oficio?
No tengo una trayectoria tan larga como para haberlo vivido en carne propia, pero se me ocurre que es sumamente favorable el hecho de comunicarnos con otros guardaparques. Si bien somos una reserva urbana, en general las áreas protegidas están aisladas y necesitan mecanismos de comunicación eficientes. También usamos GPS, radares o cámaras-trampa; mediante esas cámaras encontraron hace poco un montón de ciervos de los pantanos en San Fernando cuando se creía que habían desaparecido del área. Nos ponen muy contentos estos hallazgos.

¿Qué es lo más desafiante de tu labor?
Tener los objetivos claros, saber que trabajamos para la conservación y que no importa qué es lo que falte o los problemas: nuestro objetivo pasa por algo mayor de lo que estamos viviendo ahora. Trabajamos en un lugar, pero lo que hacemos impacta en las áreas protegidas de todo el país.

¿Y lo que más disfrutás?

¡Un montón de cosas! Uno convive en un lugar natural y te sorprendés todos los días con las cosas que la naturaleza te va mostrando. Hay muchas situaciones pequeñas a las que tenés que prestarles atención y te dejan boquiabierto. Eso es lo que más me gusta. 

 



 

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